París, un dilema

Tokio, 18 de noviembre de 2015

Somos poca cosa, es cierto, pero qué magníficas honduras, no obstante, se encierran a veces entre los pliegues de alguna intuición que salió de tus manos, de lo profundo de un arranque de amor, de aquella parte de ti que creíste vacía y llena de lodo pero donde una chispa de luz hizo que levantases la cabeza y miraras al cielo con gratitud. Un cielo en donde un zeppelin volaba perezosamente sobre los rascacielos de la ciudad llamó mi atención mientras paseaba por los alrededores del Palacio Imperial de Tokio. A sus pies, bajo un inmenso árbol al fondo de una pradería mullida al punto de parecer más una alfombra que un césped bien cuidado, un joven, de hinojos, hacía reverencias con las manos juntas dirigiéndose hacia algún dios oriental. El árbol era tan inmenso, los rascacielos tan altos y el zeppelin volaba a tanta altura que el conjunto me susurró al oído la enormidad de mi  pequeñez; esas cosas que pasan cuando has estado leyendo poesía y levantas la vista del libro y te encuentras con la prosaica realidad de un parque y una gran ciudad frente a ti. Tokio tiene treinta millones de habitantes así que no es raro que uno se sienta adicionalmente pequeño y anónimo en una urbe de tales dimensiones.

¿De qué chorradas estoy hablando? Bueno, quizás una de tantas que circulan por ahí, vivimos en un mundo en el que no es fácil a veces distinguir una chorrada de lo que no es. En ocasiones este género de cosas son las que llenan el capacho de nuestra satisfacción. Otros llenan su capacho con otro asuntos, por ejemplo con lazos de condolencia o banderas francesas con motivo de los recientes acontecimientos, así un día abres el Facebook y te encuentras el medio lleno de lazos o de banderas; luego, al cabo del rato y tras la aparición de alguien que utiliza la cabeza frente a los eventos de la actualidad, ves que tanto banderas como lazos han desaparecido sin dejar rastro. ¿La razón? Vaya usted a saber.

En estos días los promotores del Facebook han empezado a tomar iniciativa frente a los conflictos políticos colocando a Francia en altar victimario de los inocentes; precisamente la Francia que vende armas a los que asesinan a sus propios ciudadanos. En Medio Oriente no existen ni existieron jamás víctimas que merecieran lazos ni banderas; así son las cosas,  Facebook prepara los caminos para que todos sepamos donde están los buenos y dónde los malos. Los enemigos de nuestro bienestar, amigos mientras nos compren armas y les compremos a su vez petróleo con el que pagarán las susodichas armas, enemigos al  otro lado del Mediterráneo, que, nacidos al abrigo de las bombas de los norteamericanos e ingleses han logrado aglutinar bajo la bandera de la yihad todos los odios habidos y por haber, salen hoy a mostrarles sus contradicciones a Europa y a todo el mundo Occidental y entonces el planeta se estremece porque ahora los muertos ya no son sólo muertos en tierra de Siria e Irak sino que la sangre corre por las calles de París. 

Los hijos de las matanzas de Estados Unidos han logrado resucitar el concepto de la yihad hasta el punto de aglutinar suficiente poder como para poner a Europa en aprietos. Sí, esa misma Europa que lo financia comprando su petróleo o la Europa que le vende las armas que ahora utilizan contra los franceses. Y de esto no se habla. Y entonces no cabe otra cosa que entretener al personal con lamentaciones y gritos de venganza. Acabo de leer un artículo de un prestigioso intelectual francés, Bernard-Henri Lévy , titulado "La guerra, manual de instrucciones", en el que, sin hacer el más mínimo esfuerzo por analizar las raíces del conflicto en el que estamos metidos, aboga por una guerra total. El pasado no existe, nosotros somos buenos y ahora han venido de fuera a robarnos la tranquilidad, la tranquilidad que da tener miles de puestos de trabajo asegurados y obtener sustanciosas ganancias con el negocio de las armas que llevan vendiendo décadas a los asesinos de ahora. Nos entretienen con argumentos chorras, no hay dudas. Un montón de países del G-20 financia directa o indirectamente al IS. Lo dice Putin en esa reunión de cretinos e hipócritas y nadie, absolutamente nadie, se da por aludido.

Están en guerra; Estados Unidos y Francia se cargan a un montón de gente en Siria o Irak y nadie dice nada, después esta misma gente de Siria se carga a unos cuantos franceses en París y se arma el gran revuelo. ¿No habíamos quedado en que estaban en guerra?, o ¿es que los límites físicos de la guerra los fija Francia o Estados Unidos? Además, si un día de estos cae una bomba en Nueva York procedente de Irak o Siria, para la prensa los actores de tal hecho serán terroristas, mientras que si la bomba es lanzada por Estados Unidos o Francia y cae en Irak o Siria esto será un hecho bélico. Curioso empleo de los conceptos. Los soldados americanos nunca fueron terroristas, ni en Vietnam, ni en Irak ni en ninguna otra parte del mundo. Ser terrorista es un estigma que el stablishment ha logrado hacer interiorizar como sinónimo de demoníaco, lo cual no iría bien con los marines de los Estados Unidos.

Distinguir las verdades de lo que no lo son cada vez resulta un problema más arduo, sobre todo cuando los políticos se empeñan en tergiversar la realidad, los mismos estados que financian al IS o les venden armas que se callan ahora como zorros y nos sacuden en la cabeza con la idea de su inocencia frente a la agresión de estos días.

Frente a estos graves asuntos en los que andamos metidos por obra y gracia de Estados Unidos y sus aliados, esas "chorradas", cosas de poca monta en las que yo andaba enfrascado esta mañana tras un rato de leer versos, la verdad es que son casi ridículas. Y sin embargo... ¿Y si el mundo va a seguir loco de atar, el mundo y sus políticos, el mundo y los que manejan la economía mundial, el mundo y todos los que viven para hacer dinero, el mundo y los que no sabrán nunca que se tienen que morir, ¿qué hacer entonces? ¿seguir dando cuerdas a los locos? o por el contrario será mejor tratar de sumergirse en las "chorradas" de nuestro prístino mundo ante la incapacidad de convencer a tanto imbécil suelto que no ha aprendido todavía que donde las dan las toman, que no hay enemigo pequeño, que quien a hierro mata a hierro muere, que quien siembra tormentas no puede recoger más que tempestades. La sabiduría popular ha fabricado multitud de refranes para expresar una realidad simple que estos imbéciles de turno nunca llegarán a entender centrados como están en sus negocios sucios y en la ignorancia de que la vida es sagrada, que no se puede jugar impunemente con la vida de nadie.

Hoy, no sé por qué, iba en el metro y de repente me entraron unas enormes ganas de estar ya mismo en Filipinas o Indonesia. Llevamos mucho tiempo en que no salimos de grandes ciudades, todas estas enormes ciudades de China y Japón, que bien, pero en las que el viajero no llega a encontrar su acomodo del todo pese a que en ellas siempre hemos buscado algún parque otoñal en que perdernos. La

Al viajero últimamente casi le dan ganas de no volver a abrir los periódicos en una temporada, echar un vistazo a los periódicos hace que mi estómago sufra las cercanías del vómito. Hay bazofia en el mundo, como esa gente del IS, pero no le va a la zaga la caterva hipócrita de un buen puñado de países de esa Unión Europea que desahucia a Grecia, vende armas al IS y le provee de ingresos comprándole petróleo.