Aeropuerto de Bali, Indonesia, 9 de abril de 2016
Leía tras la comida haciendo tiempo en las salas del aeropuerto de Bali un relato de Alejo Charpentier, cuando me encontré sonriendo bobaliconamente ante la irrupción de alguien que increpa a otro cuando éste ensalza a cierta moza fregona con el apelativo de sirena. ¿Sirenas, dices?, contesta el otro, ¡Di mejor que más tiran dos tetas que dos carretas! La ocurrencia encontraba perfectamente su lugar en algún comentario que le había hecho yo a Victoria en el aeropuerto de Brisbane cuando me tropecé con un hermoso par de saltarinas tetas que brincaban forcejeando con todo su empeño por salir del escote de su propietaria. Aquello era mucho más que el perfume para la vista del que habla en una novela Álvaro Cunqueiro que se desprendía de la visión de otra moza que viajaba en la silla de postas en el siglo XVII por alguno de los caminos de Flandes y que había emborrachado durante tres cuartas partes del viaje al prete que era incapaz de apartar la vista de aquel suntuoso canalillo que se ofrecía a su vista prometiendo, divino tesoro, una inextricable dicha para conseguir la cual el chantre, clérigo de una parroquia cercana, habría sido capaz de abandonar toda su capellanía en el acto.
Que las tetas, contundente y bella palabra que no merece los servicios bobalicones de un diccionario hecho a medida de lo lelos de la lengua, hayan levantado desde la antigüedad oleadas de contento a los ojos escrutadores del género masculino, siempre alertas en lo que a las bellezas del otro sexo se refiere, es un misterio que está todavía por descubrir, porque la cosa objeto de nuestra atención bien podía haber sido un dedo meñique, un tobillo, la punta de una nariz aguileña, pero no señor, tuvo que ser precisamente esa parte del cuerpo que la madre naturaleza destinó para amamantar a los bebes, precisamente esa.
Le digo a Victoria que todo órgano tiene su función y que algunos, además de su funcionalidad biológica tienen también otra menos evidente, digamos las tetas, por ejemplo (el Señor me cosa confesao si mi hija llega a leer este post; la bronca que me iba a pegar iba a ser gorda), de las que habría que averiguar cuál es la razón específica de su atracción, y le cuento algo que leí hace tiempo, un artículo en el que una antropóloga daba explicación del atractivo que ejercía también el culo, la antropóloga lo llamaba trasero, femenino sobre los sentidos de los hombres (no sé si la cosa funciona al revés). La explicación se basaba en un sentido muy desarrollado en algún antepasado del hombre en que todavía éste caminaba a cuatro patas, lo que evidentemente daba una perspectiva de la hembra muy propia para que aquel primer homínido se volviera un poco loco cada vez que un ser de la misma especie pero de distinto género pasaba delante de sus narices dejando patidifuso al susodicho.
Y que nadie se ofenda, ahí están las hembras de los conejos que corretean día y noche junto a nuestra casa, atrayendo con su descarada mancha de nieve sobre el trasero a todo macho con el que se cruzan. No hay que ser muy listo para descubrir a la vuelta de cualquier esquina que no somos muy diferentes a otros muchos animales. Si la cosa no fuera así lista iba a estar la madre naturaleza, si el acto de procrear fuera una sesión de dentista de las de hace cincuenta años quién iba a ser el guapo que contribuyera entusiásticamente a la reproducción de la especie.
Pero todo esto no explica, sin embargo, todavía el asunto de la atracción que ejercen las tetas. En el aeropuerto de Bali no hemos conseguido wifi y me es imposible investigar sobre el asunto durante este rato mientras esperamos la hora de nuestro vuelo. Me quedo con las ganas, tendré que postergar mis investigaciones a otro momento. No es que saber los porqués de algunos asuntos sea imprescindible para alentarnos el gusto o mejorar nuestra percepción de lo femenino, sucede simplemente que uno es curioso y le gusta indagar y jugar con las posibles explicaciones de algunas cuestiones relacionadas con la realidad.
El mal asunto de estas cosas, que debería ser tema de gente refinada y amantes de los placeres de la vida, es hacer comprender a las mentalidades acosadas por hábitos de otra época, que utilizar determinadas palabras de siempre anatemizadas por una moralidad de pacotilla, es la mejor manera de ir dejando atrás tabúes que lo único que hacen es molestar nuestras inclinaciones y el gusto por las cosas bonitas, agradables y dignas de nuestra devoción.
Pechos y senos son otras posibilidades asépticas de nombrar aquello que bajo las rendija de un prometedor escote alegran los ojos de los afortunados viandantes que tienen la suerte de avistarlos, sin embargo tetas es con mucho un sustantivo que apunta sanamente y con mayor contundencia hacia un buenhumorado lenguaje en donde los sobreentendidos, porque nadie ha nacido ayer mismo, son la sal de la convivencia.
Los altavoces nos reclaman para que nos dirijamos a la puerta de embarque,así que punto final.